La zanahoria (Daucus carota) toma su nombre del latín carota, proveniente del griego karoton. El término “zanahoria” e
n castellano proviene del árabe hispánico safunāriyya. Es una de las hortalizas más reconocidas y consumidas en todo el mundo.
Breve historia del cultivo
La zanahoria es originaria de Asia Central, específicamente de la región que hoy corresponde a Afganistán e Irán, donde se cultivaba hace más de 2.000 años. En sus orígenes, no se consumía su raíz sino sus hojas y semillas.
Fue en los Países Bajos, durante el siglo XVII, cuando se desarrollaron las variedades de color naranja, que se popularizaron en Europa y luego en todo el mundo. Hoy la zanahoria es uno de los cultivos más difundidos, tanto a nivel comercial como en huertas familiares.
Existen diferentes variedades que se clasifican según la forma y el tamaño de la raíz:
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Nantesa: cilíndrica, de sabor dulce, ideal para huertas caseras.
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Imperator: larga y delgada, muy utilizada en la industria.
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Danvers: cónica y robusta, adaptada a suelos más pesados.
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Chantenay: más corta y gruesa, ideal para suelos poco profundos.
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Morada y amarilla: variedades antiguas, reintroducidas en los últimos años por su riqueza en antioxidantes.
3. Siembra: Se siembra directamente en la tierra, ya que no tolera bien el trasplante. La profundidad de siembra es de 1 a 2 cm. Distancia: 5 a 8 cm entre plantas y 25-30 cm entre hileras. Germina lentamente, entre 10 y 20 días.
4. Riego: Necesita riego frecuente y moderado para mantener la humedad constante. Evitar el exceso de agua, que puede causar podredumbres o bifurcación de raíces.
5. Cuidados: Eliminar malezas que compiten por luz y nutrientes. Realizar un raleo (aclarado) cuando las plántulas tengan unos 5 cm, para permitir que las raíces crezcan sin competencia. Fertilizar con compost o abonos ricos en potasio y fósforo, evitando el exceso de nitrógeno.
6. Cosecha: El ciclo de la zanahoria varía entre 70 y 120 días según la variedad. Se cosecha cuando las raíces alcanzan el tamaño deseado, antes de que se endurezcan. Extraer con cuidado, aflojando el suelo para no romperlas.
Para conservar mejor las zanahorias después de la cosecha, se recomienda cortar el follaje y almacenarlas en un lugar fresco, seco y oscuro.
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